Friday, June 12, 2015

¡A luchar por el desmonte del ESMAD!

A luchar contra el “estado de guerra permanente” contra el pueblo ¡A luchar por el  desmonte del ESMAD!

Por. Juan Felipe González-Jácome. Secretaría de DD.HH. ACEU-Bogotá.

"Ponencia presentada el 27 de mayo de 2015, en el marco del Foro "Para que la Universidad Viva en Colombia: contra la brutalidad policial, por el desmonte del ESMAD" realizado en la Universidad Pedagógica Nacional".

El espacio que el día de hoy se convoca, es una iniciativa que pretende acompasarse con una serie de propuestas y proyectos que han venido emanando de diversos sectores del movimiento estudiantil, y que han tenido como horizonte común, el de velar y luchar por el perentorio y necesario desmonte del Escuadrón Móvil Antidisturbios de la Policía Nacional (ESMAD); entendiendo esto último, no solamente como una garantía para el goce efectivo de los derechos humanos, sino también, como el presupuesto fundamental para construir una sociedad de los post-acuerdos de paz.

Bajo esa perspectiva, la Asociación Colombiana de Estudiantes Universitarios (ACEU), como organización política y social de las y los estudiantes universitarios de Colombia, no se ha marginado de dicho proceso de lucha, sino que por el contrario, ha pretendido inmiscuirse en ella a partir de la construcción colectiva de escenarios y espacios, que, como éste, asuman como objetivo central: poner en debate público el fenómeno de la brutalidad policial, con miras aunar esfuerzos prácticos y teóricos en la lucha por desmontar el ESMAD como uno de los aparatos indispensables utilizados por el establecimiento, para la represión política en contra del movimiento social colombiano.

De esta manera, desde la secretaría de DD.HH. Paz y Democracia de la ACEU, hemos querido desarrollar unos breves insumos que ayuden a problematizar cual es la función del ESMAD en el desarrollo de los procesos de movilización social; para que de esta forma, sea posible entender la naturaleza de este aparato, y, en consecuencia, cuales han de ser las tareas políticas y de agencia social que han de emprenderse para minar la base ideológica y jurídica sobre la cual se sostiene el llamado “Escuadrón de la Muerte” (ESMAD).

1.                      ¿Qué es el Escuadrón Móvil Antidisturbios de la Policía Nacional?

El escuadrón móvil antidisturbios de la policía nacional, es un organismo especializado de la Dirección de Seguridad Ciudadana de la Policía Nacional de Colombia (DISEC), creado por la Directiva Transitoria No. 0205 del 24 de febrero de 1999 y formalizado a través de la resolución No. 01363 del 14 de abril de ese mismo año. De acuerdo a la propia reglamentación que la Policía Nacional ha realizado sobre este organismo, se define al ESMAD como:

“un grupo especializado conformado por personal uniformado de la Policía Nacional, estratégica y operativamente organizado, capacitado, entrenado y dotado de equipos necesarios para desempeñar procedimientos específicos en atención, manejo y control de multitudes, que ocasionalmente puedan desembocar en alteraciones del orden público.” (Resolución número 03514 de noviembre 5 de 2009)

De acuerdo con la definición anteriormente citada, es importante señalar que el ESMAD no es un organismo regionalizado, sino que por el contrario es una unidad especial del orden nacional, que opera a partir de una respectiva línea de mando de ese mismo orden, y que a su vez, tiene la potestad de operar cuando la capacidad de las Policías Metropolitanas y de los Departamentos de Policía se vea rebasada en “talento humano” y “medios materiales de contención”.

En un primer momento, se comprende que de acuerdo con la normatividad que reglamenta este organismo policivo, el ESMAD es un organismo que debe operar de forma subsidiaria, (más no primaria), en el momento en que la Fuerza Disponible perciba que su capacidad de contención de multitudes no es suficiente, y que por ende requiera del apoyo de una unidad especial.

Por otro lado, de acuerdo a la (irónica) normatividad concretada con referencia a este escuadrón, se especifica que el ESMAD es una “unidad de reacción, preparada única y exclusivamente para afrontar situaciones de “desordenes sociales” que alteren el orden público (…) a partir del manejo y control de multitudes, con personal altamente capacitado en conciliación de masas, protección de los derechos fundamentales y procedimientos especiales de policía que permitan restablecer el orden, la seguridad y la tranquilidad de los habitantes de Colombia”.

De acuerdo con ello, se han expedido una serie de resoluciones, tales como la No. 00128 de 2006 “Por la cual se expidió el plan de estudios del curso de control de multitudes del ESMAD”, la resolución No. 03516 de 2009, “Por la cual se expidió el Manual para el servicio de policía en Atención, Manejo y Control de Multitudes”, entre otras. Las cuales han tenido como propósito especializar cada vez más las operaciones que este escuadrón adelanta en medio del ejercicio legítimo y legal de la protesta social, y, sobre todo,  detallar y caracterizar de forma minuciosa gran parte de las conductas y procedimientos que este escuadrón debe implementar, como una forma de blindaje jurídico y a su vez de garantía de la impunidad frente a las flagrantes violaciones de DD.HH. Esto, en el entendido de que por medio de dichas resoluciones se introduce, cada vez con más vigor:

1.                      El uso legal de una multiplicidad de armas de contención: (tanto letales como no letales), que se permite usar en el desarrollo de la represión. Eufemísticamente llamado “control de multitudes”.
2.                      Nuevas formas de ataque a la población civil que pretenden diversificar el modus operandi de este escuadrón, con el agravante de que todo se legaliza a partir de la regulación normativa implementada por la policía en virtud de sus facultades reglamentarias.

Frente a este escenario, se evidencia que el escuadrón móvil antidisturbios de la policía responde a una serie de presupuestos ideológicos, entre los cuales se distinguen. 1. La noción de orden público y seguridad ciudadana, como el escenario de total pasividad ante un determinado statu quo; 2. La noción de multitud y masa como un sujeto colectivo potencialmente peligroso para el ordenamiento social y 3. La clara estigmatización frente a las diversas formas de reunión y asociación de tipo social y político.

Tal es la criminalización hacia la protesta, que algunos estudios que se han hecho en derecho penal militar y derecho militar público aseguran:

“El fenómeno de la protesta callejera constituye un motivo de honda preocupación no sólo en Colombia sino en algunos países de Europa, concretamente en España y Francia en donde la policía ha acumulado una vasta experiencia en el manejo de reuniones multitudinarias tales como las concentraciones y manifestaciones y los espectáculos públicos y las actividades recreativas (…) El ejercicio del derecho a la libertad de reunión debe obedecer a un estado preventivo de control: las reuniones públicas no requieren de venia gubernamental, pero quienes las lideran, están obligados a anunciar por anticipado a la Policía Nacional. El aviso previo está justificado puesto que el velar el orden público requiere la acertada adopción de acciones para evitar del desorden social”. (Orozco, 2010, pág. 4)

Bajo este estado de cosas, no queda más reparo que el de afirmar que este tipo de organismos, en ningún momento han estado diseñados para la protección de la población civil, como se arguye por parte de sus más álgidos defensores, sino que por el contrario, tiene como objetivo central la represión directa a la población civil que ejerce legítimamente su derecho a la protesta, y a los demás derechos que se han conquistado con el trasegar de la lucha social.

Orden público, seguridad nacional y estado de guerra permanente

Tal como lo evidencian las diversas regulaciones que frente a este escuadrón se han expedido, es necesario señalar que no es posible comprender este tipo de entidades policiales, sin antes hacer una lectura (o relectura) de ciertas categorías que soportan la base jurídica y política de dicho organismo. Estas son las de orden público, seguridad nacional y estado de guerra permanente.

Lo primero que se debe precisar, es que las nociones de orden público y seguridad nacional están estructuralmente ligadas, ya que de por sí la noción de orden público lleva contenido a su vez la perspectiva de un “estado de cosas permanente” que se traza como plan de gobierno. En otras palabras, la “seguridad nacional” tiene como finalidad la protección y garantía del orden público, que no es más que un proyecto hegemónico concreto instaurado por y a partir de un proyecto de dominación.

En consecuencia, no es posible desligar un proyecto de dominación política de sus consecuentes acciones de represión, ya que como lo afirmó en algún momento Alfredo Vázquez Carrizosa:

“El Estado no logra expresar un interés común de la sociedad, ni siquiera encarnar una forma de generalidad; no es más que un instrumento de dominación de intereses particulares. Por su naturaleza particularista, el Estado se encuentra incapacitado de generar un proyecto nacional y obligado a reprimir los diversos intereses particulares opuestos al respectivo grupo particular en el poder. El Estado se presenta como Estado de emergencia en permanencia”. (Comite Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CPDH), 1980, pág. 12)

Por ello mismo, la condición del consenso político no puede escindirse nunca de las formas de contención y represión contra los movimientos sociales y políticos que pretenden generar ciertos grados de ruptura. Por el contrario, el consenso lleva implícito a su vez formas de coerción que cada día adquieren un grado más avanzado de especialidad. De ahí que por ejemplo, la represión se diversifique ya no exclusivamente en el aparato militar, sino que cale en unidades cívico-militares o de unidad policivo-militar, es decir, la policía ya no se erige como un organismo civil, sino en estricto sentido, como un organismo de carácter militar, (El ESMAD  es un ejemplo fehaciente de aquello).

En suma, vemos como este tipo de aparatos lo único que inculcan es la continuidad innegable de la guerra contra el pueblo, en donde, como lo explica Gilberto López y Rivas: la guerra interna ya no solo implica la guerra contra las fuerzas insurgentes en el marco de una disputa militar, sino que a contrario sensu, se amplía su racero en una serie de acciones políticas, económicas, sicológicas y cívicas en contra de todo sujeto que pregone, a la luz del establecimiento, un carácter “subversivo”. (López y Rivas, 2013, pág. 23)

Para que la Universidad viva en Paz  ¡A luchar por el  Desmonte del ESMAD!

Frente al oscuro panorama anterior, entendemos que no es posible crear espacios reales de participación democrática, en escenarios sociales y políticos donde se alimenta cada vez con más furor la represión hacia el movimiento social y popular. Desde nuestra concepción de la Paz con Justicia Social, somos conscientes de que este tipo de fenómenos como el de la brutalidad policial deben ser combatidos por los sectores democráticos, progresistas y de izquierda en nuestro país.

Es necesario forjar escenarios de construcción política y de movilización, en donde se ponga en franco cuestionamiento la naturaleza de este tipo de entidades que, de acuerdo a las evidencias históricas de estos últimos 16 años, solo han sembrado muerte, horror y zozobra al interior de la sociedad colombiana. Hoy más que nunca, recordamos a un sin número de estudiantes que fueron silenciados por la fuerza brutal y depredadora de la represión; recordamos a Nico Neira, a Oscar Salas, a Jhonny Silva y en fin, a todas y todos los que han tenido que soportar el flagelo del terrorismo de Estado.     

No es comprensible que se siga pregonando la supuesta protección a la población civil, a costa del constante implemento de armas y técnicas para la represión. Mientras la fuerza pública habla de garantías para la seguridad de la población, al mismo tiempo invierte y especializa a sus unidades especiales en “uso de agentes químicos”, “manipulación de granadas multipropósito”, “granadas de sonido y pimienta”, entre otros elementos coercitivos.

Desde la ACEU, plantamos nuevamente nuestra voz de rechazo frente a estas iniciativas del gobierno colombiano, que únicamente buscan quebrantar reiteradamente los derechos humanos y las garantías civiles y políticas. Si efectivamente se quiere construir un país en Paz, se debe, entre muchas otras cosas, desmontar el ESMAD y dar paso a la construcción de las garantías suficientes para el ejercicio legítimo de la política.

Para que la Universidad y Colombia vivan en paz, se debe en definitiva, combatir el tormento de la violencia política en nuestro país, luchar por erradicar al ESMAD del entorno de nuestra realidad.

¡Nuestra tarea es histórica compañeras y compañeros, manos a la obra!


Bibliografía.


Resolución Número 03514 de noviembre 5 de 2009 de la Policía Nacional.
Resolución Número 00128 de 2006 de la Policía Nacional.
Resolución Número 03516 de 2009 de la Policía Nacional.
Resolución Número 01565 del 11 de mayo de 2011 de la Policía Nacional.

Comite Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos (CPDH). (1980). Represión y Tortura en Colombia. Bogotá: Suramérica.


López y Rivas, G. (2013). Estudiando la contrainsurgencia de Estados Unidos. México D.F.: Ocean Sur. 


Orozco, Y. (2010). El Escuadrón Móvil Antidisturbios y la protección de los Derechos Humanos. http://repository.unimilitar.edu.co/bitstream/10654/5284/2/OrozcoMunozYahajaira2010.pdf. Bogotá D.C. Obtenido de Universidad Militar.

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